Organizaciones líquidas

23 de febrero de 2017

“Todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad” Zygmunt Bauman.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, uno de los últimos grandes pensadores de Europa, ha fallecido en este mes de enero. Con su muerte, se marcha el máximo ideólogo de la modernidad líquida, que siguió en activo hasta los últimos momentos de su vida.

 

Nacido en Polonia en 1925, Bauman se exilió a Leeds (Inglaterra) a principios de los 70, tras una purga antisemita en su país natal. En Leeds acuñó la idea crucial de su obra: la "modernidad líquida". Es decir, cómo los pilares sólidos que apuntalaban la identidad del individuo en la posguerra -un estado fuerte, una familia estable, un empleo indefinido...- se han licuado hasta crear una ciudadanía asustada por el miedo a perderlo todo, dejando a la humanidad en la incertidumbre.

 

Me gusta lo que he leído de Zygmunt Bauman. Ha escrito Modernidad líquida, Amor líquido, Tiempos líquidos y Miedo líquido, amén de otros muchos libros y artículos. Probablemente el más revelador ha sido Amor líquido, una obra que lleva como subtítulo “Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”. Me recuerda “El arte de amar” de Fromm.

 

Es fuertemente crítico con la sociedad de consumo. Bauman se convirtió en uno de los principales pensadores de la izquierda global y defensor de los refugiados. Yo le veo como uno de los principales precursores del movimiento de “indignados”, promovido por Stephan Hessel.

 

Hoy sigue siendo importante para muchos que las cosas no cambien, prevenir y planificar para que todo siga igual, que las cosas se queden fijas y sólidas para que lo esencial no se modifique en el futuro. Por otra parte no creemos en las soluciones definitivas e incluso no nos gustan. Añoramos los tiempos pasados, entramos en crisis al cumplir los cuarenta. Sabemos y estamos acostumbrados a que los tiempos cursen veloces, seguros de que las cosas no van a durar mucho y que aparecerán nuevas oportunidades que devaluarán las existentes. Todo cambia y somos cambiables, y por tanto, tenemos miedo a fijar nada para siempre. La flexibilidad es el gran paradigma de nuestra sociedad.

Pero, ¿qué significa ser flexible? Significa que no estés comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar el enfoque, la mente, cuando sea requerido. Esto crea una situación líquida. Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y se extiende por todas partes”. El peligro es caer en el individualismo que busca solo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin. 

 

Todo esto lo podemos extrapolar a las organizaciones. Desde la década de los 70 las empresas se han ido lentamente licuando. Ahí tenemos los “fablabs” aparecidos hoy bajo el slogan de “hágalo usted mismo”. No hay más que leer a Hervé Serieuyx en su libro “El big bang de las organizaciones”, aunque él nunca empleó la palabra líquida, creo recordar,  para este hecho, sí habló de sobrefusión para explicar el fenómeno de los cambios inesperados e imprevisibles. Las estructuras tenían que organizarse de otra manera para dar respuesta a la velocidad de cambio que comportaba el entorno. Un yate es capaz de adaptarse mejor a las turbulencias que un gran paquebote, aunque entrañe riesgos. Con estas nuevas estructuras las personas también se tornan líquidas, incluso gaseosas, respondiendo de esta manera a las nuevas demandas de la sociedad.

 

Nuestra asociación DHO creo que tiene  reflejos de “ liquidez”. Somos una organización sin estructura, sin jerarquía, con proyectos no claramente orientados a resultados, basada en la motivación voluntaria de cada uno. Sin embargo creo que estamos preocupados de que las cosas se queden fijas e inamovibles. Somos muy flexibles, tanto que no nos comprometemos con nada para siempre. Estamos listos para cambiar, incluso de paradigmas, si hiciera falta, pero  estamos  en  situación líquida –como los caballos del Ladoga -, al igual que un líquido en un vaso en el que el más ligero cambio modifica la forma del agua. Y de esta manera puede extenderse a todas partes.

 

Pero, claro, si nuestros amores son líquidos, no es lógico esperar relaciones  más comprometidas y estables. A través de internet hacemos conexiones en vez de relaciones, aquéllas no necesitan de implicación ni profundidad. Cada uno decide cuándo y cómo conectarse, y siempre puede usarse la tecla de suprimir.

José Herrador Alonso

Congreso en Desarrollo Humano y Organizacional (DHO)

4 de febrero de 2017

 

Tenemos el placer de informarte de que desde la Asociación para el Desarrollo Humano y Organizacional (ADHO) y el Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid (UVa) se está organizando el Congreso en Desarrollo Humano y Organizacional (DHO) ¿Cómo estamos tejiendo el futuro de las organizaciones?, un espacio de encuentro de profesionales y analistas del mundo de las organizaciones previsto para los días 8 y 9 de Junio de 2017 en Valladolid.

 

El Congreso tiene un carácter formativo. Nos reunimos para aprender de una manera creativa, para construir con otros conocimiento especializado, para aprender compartiendo reflexiones acerca de las experiencias prácticas. Pero tiene también un carácter estratégico. Surge como consecuencia de un viejo deseo fraguado al hilo de las diferentes ediciones del Máster en Consultoría y Gestión de Procesos de Desarrollo Organizacional de la UVa y potenciado desde su creación por la ADHO: el deseo de impulsar la creación de espacios de participación que aglutinen y potencien las relaciones entre los diferentes actores que intervienen en el ejercicio de la consultoría de Desarrollo Organizacional (DO) y otros que les resultan próximos.

Está previsto que en las sesiones del Congreso, que tendrán un carácter eminentemente orientado a la práctica profesional, participen conferenciantes de renombre en el mundo de la consultoría de organizaciones, se presenten comunicaciones y posters sobre experiencias prácticas y se desarrollen talleres sobre metodologías innovadoras.

Entra en la web y consulta el programa: Web del Congreso DHO

¿Tiempos de felicidad?

2 de febrero de 2017

"Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho. Lo que se consume, lo que se compra “son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos”. (Zygmunt Bauman)

“Los seres humanos sobredimensionan constantemente lo infelices que serán ante la adversidad” (Gilbert)

Hemos dejado atrás las fiestas de navidad y de reyes magos. Éstas son definidas por un gran consumo social. Sea usted feliz en familia: Consuma, regale, tenga contentos a sus hijos y allegados. Cuanto más regale y más caro seguro que más contentos estarán. Escuché a una madre prudente: “No quiero que mi hijo tenga más de diez regalos (es un niño de 8 añitos).

Uno de los negocios más florecientes de nuestra economía es el marketing de la felicidad (el vendedor como sanador que decía Melinda Davis en su libro “Por qué deseamos lo que deseamos): Viajes, ropa, perfumes, licores, coches, televisores de plasma, teléfonos móviles, etc..  Estamos en un entorno total  en el  que el fin es la búsqueda de la felicidad, aunque a través de objetos, objetos que nos alienan y nos alejan frecuentemente de la interacción y diálogo cercano y verdadero con los demás.

 La felicidad no es la búsqueda sin más del placer. Placer y felicidad aunque no son contradictorios no son sinónimos. Y hoy los estamos convirtiendo en sinónimos. La felicidad tiene que ver con la satisfacción y logro del proyecto de vida propio, del deber cumplido así como en su coherencia con los valores perseguidos. Con la búsqueda del sentido que nos apuntaba Frankl en su libro “En búsqueda del sentido”.

Recuerdo el final de una película en la que el protagonista acogía tiernamente a otra persona en trance de fallecer. Éste comentaba posteriormente la triste paradoja: “La felicidad no se encuentra hasta que hayas muerto.”

Como sólo la muerte es irreversible, todavía tenemos tiempo para darnos cuenta de que un amanecer en un valle o un paseo a la orilla de  un río serán siempre mucho más gratificantes que unas horas frente a una consola o con unas gafas de realidad virtual. La felicidad no es un misterio que se escapa a nuestra comprensión aunque  es tan volátil y tan difícil de encontrar…que solamente las personas inteligentes emocional y espiritualmente se acercan a este difícil objetivo.

Invito desde aquí a los miembros de nuestra Comunidad de Aprendizaje de Inteligencia Espiritual a que no desmayemos en los objetivos que nos propusimos y extendamos nuestras inquietudes a otros amigos y compañeros.

José Herrador Alonso

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