Relación de ayuda e Inteligencia Espiritual. Por José Herrador Alonso

26 de julio de 2016

La autenticidad no significa que haya que comunicar todos los sentimientos al ayudado. Es preciso un sano y equilibrado discernimiento, guiado por el deseo de hacer crecer la relación y no por las propias resistencias (Kübler-Ross)

 

En nuestra comunidad de práctica de Inteligencia Espiritual estamos tratando de entender qué es la IE y cómo integrarla en los saberes del consultor de DO. En este proceso de análisis, debates y compartir lecturas y aprendizajes nos ha surgido el modelo de ·relación de ayuda” como una de las competencias importantes del consultor, estrechamente ligada a la IE. Con esta entrada quiero aportar algunas ideas que amplíen esta importante capacidad que deben dominar nuestros consultores organizacionales.

¿Qué es la “relación de ayuda”?: En las distintas lecturas que he encontrado se la define como “caminar juntos” (ayudante y ayudado, consultor y equipo, consultor y organización). Este “caminar juntos” expresa la naturaleza y dimensión de confianza entre ambos. El que acompaña pone su experiencia al servicio de la persona acompañada sin ocultar sus límites, la riqueza de su propia competencia  sin hacer de ella un absoluto. El acompañante y acompañado escrutan juntos los signos indicadores de la buena dirección compartiendo miedos, ansias y esperanzas.

El objetivo es aumentar la capacidad de relación con los otros y consigo mismo (Inteligencia interpersonal, inteligencia intrapersonal e inteligencia  emocional).  Esta capacidad compleja está constituida por tres elementos conectados entre sí: Conjunto de conocimientos: saber, capacidad de utilizarlos en la práctica: saber hacer, una serie de actitudes: saber ser.

El proceso a seguir para que sea eficaz debe ser centrado en la persona  como una totalidad y no sólo en el problema o patología.  Esto es lo que siempre ha perseguido la “pedagogía sistémica”. El riesgo de centrarse en el problema es separarse de la realidad subjetiva del ayudado. Esto es aplicable a las personas como tales, a equipos y organizaciones. El acompañante invita a su cliente a la autoexploración del problema, su autocomprensión y desde luego tiene que culminar en acciones de cambio (conductas observables de mejora).

En este proceso es crítica la actitud del acompañante. Según C. Rogers. esta actitud requiere empatía y escucha activa para entender las expectativas del acompañado, respuestas empáticas,  aceptación incondicional mutua y confrontando la autenticidad de dicha relación. Rogers afirma sobre esta actitud: “He descubierto que cuanto más auténtico puedo ser en la relación tanto más útil resulta esta última. Esto significa que tengo que tener presentes mis propios sentimientos y no ofrecer una fachada externa, adoptando una actitud distinta de la que surge en un nivel más profundo o inconsciente. Ser auténtico implica también la voluntad de ser y expresar, a través de mis palabras y mi conducta, los diversos sentimientos y actitudes que existen en mí.  Sólo mostrándome tal como soy puedo lograr que la otra persona busque con éxito su propia autenticidad”.

 

Si el acompañante es capaz de generar este proceso,  el acompañado va a integrar sus expectativas en la dinámica y confiará en la ayuda que le ofrece su acompañante, sin generar dependencia del mismo, ya que el objetivo es impulsar la capacidad de autoayudarse.

Los adultos y las organizaciones aprenden mejor cuando ellos mismos se encargan del aprendizaje. Ahora a esta orientación se la llama “neurodidáctica”.  Hacerse cargo del aprendizaje es hacerse cargo de la propia vida. Rogers sugiere: “El único aprendizaje que puede influir significativamente sobre la conducta es el que el individuo descubre e incorpora sobre sí mismo. Y apostilla: “Si puedo crear un cierto tipo de relación, la otra persona descubrirá en sí misma la capacidad de utilizarla para su propia maduración, y de esa manera se producirá el cambio y el desarrollo individual”

Un refuerzo y condición necesaria a la calidad del proceso es la actitud cordial en la relación de ayuda. Es afecto que se traduce en bondad, afabilidad, gentileza, amor por el otro. El otro tiene que sentirlo gracias a las actitudes y lenguajes verbales y no verbales.

Al comienzo de este último máster de Consultoría de Procesos de DO integramos la actividad de apoyo a los alumnos del máster para buscar un mayor crecimiento personal y profesional. Ha sido un proceso difícil y valioso para todos del cual seguro que hemos aprendido todos de todos.  Aprender a integrar el modelo rogeriano descrito en su libro “El proceso de convertirse en persona” es un reto que evaluaremos, espero, en el próximo congreso de nuestra Asociación DHO, mejorando el proceso y la participación  en el siguiente máster.

 

La persona y la organización: un viaje de ida y vuelta. Por Maider Gorostidi

10 de junio de 2016

Los viajes suponen un cambio. Nunca vuelves como saliste. El viaje te permite crecer porque tu mochila se llena de nuevas experiencias.

Así, el viaje de las organizaciones debe permitir a éstas crecer y convertirse, poco a poco, en personas (jurídicas) distintas a lo que son o fueron cuando lo comenzaron.

Algunas  nacisteis,  como  AMIFP,  hace  ya  34  años.  No  sois  una  organización  niña  ni adolescente,  sois  una  organización  adulta  que  decidió  emprender  un  viaje  hace  más  de  tres décadas. Debemos pues, como organizaciones, como personas jurídicas, vernos en evolución y sabernos en movimiento constante.

Reconocer  que  vivimos  en  movimiento  no  es  fácil  por  la  inseguridad  que  entraña.  Como organizaciones, en ocasiones preferimos creer que generamos un espacio sólido; pero sólido lo podemos  confundir  con  rígido.  Cuando  esto  sucede,  la  estructura  creada  (creada  por  las personas  que  dan  forma  a  esa  estructura)  se  convierte  en  un  organismo  rígido  que, paradójicamente, otorga rigidez a las personas que están en él.

“First we shape our structures, and then our structures shape us“. Churchill

La  búsqueda  inicial  de  soporte  y  de  apoyo  para  que  nuestros  hijos,  hijas  y  familiares  tengan un  mejor  lugar  en  el  mundo,  puede  llegar  a  ser  su  espacio  de  presión  si  no  conseguimos salirnos de “sustantivo” para pasarnos al “verbo”.

Me  explico:  la  organización,  como  ente,  se  constituye  teniendo  en  cuenta  el  sustantivo “organización”. Pero la realidad sobre la que se constituye no está en el sustantivo, sino en el verbo  que  la  caracteriza,  a  saber,  “el  hecho  de  organizarse”,  “la  acción  de  organizarse”.

Porque  las  organizaciones  no  dejan  de  ser,  no  dejamos  de  ser,  personas  organizándonos  con un propósito.

Recuperemos,  pues,  el  “verbo”  porque  nuestras  organizaciones  tienen  desafíos  importantes por delante que requieren flexibilidad y adaptabilidad, movimiento rápido.

 

LA ESTACIÓN DE PARTIDA.

¿DE DÓNDE SALIMOS? ¿CÓMO? ¿PARA QUÉ?

Decíamos  que  nuestro  origen  responde  a  una  necesidad.  A  una  necesidad  concreta  de  unas personas,  de  unas  familias  que  creen  en  el  poder  del  grupo  para  defender  su  lugar  en  el mundo. Ese momento inicial tiene unas características sociales y políticas que poco tienen que ver con las que vivimos actualmente.

Este  origen  seguro  que  tuvo  que  ver  mucho  con  el  verbo  que  comentábamos  antes:  éramos «personas organizándonos» y de esa acción nació el ente que somos hoy.

De ese inicio subrayamos unas ideas:

  • que nos organizamos
  • cómo nos organizamos
  • para qué nos organizamos

 

NUESTRA ESTACIÓN

Ahora, ya viajados, llegamos a una estación nueva: el lugar en el que hemos crecido y hemos estructurado lo que, inicial y espontáneamente, habíamos creado. 

Paralelamente a nuestro avance como organización, también se produce un avance jurídico: la aprobación, por la Asamblea General de la ONU, de la Convención Internacional sobre los Derechos  de  las  Personas  con  Discapacidad  el  13  de  Diciembre  del  2006;  ratificada  por  el Estado español el 21 de Abril del 2008. 

Este nuevo marco legal impregna el óleo de un nuevo fondo sobre el que dar forma a nuestra obra,  y  nos  apela,  como  organización,  a  movilizarnos  no  sólo  para  “dar  servicio”  a  las personas y a sus familias, sino para ponernos “al servicio” de las personas y sus familias.

Pero, como dice Xabier Etxebarria: 

«Las proclamas correspondientes se asumen con rapidez (...) ¿Quién se va a negar a hacerlo? Pero si el «dicho» resulta  entonces  razonablemente  claro,  el  «hecho»  puede  hacerse  esperar.  Peor  aún,  puede  pensarse  que  con  lo dicho ya se ha hecho, puede tomarse lo dicho con toda solemnidad como excusa para no pasar al hecho.»

Y este, precisamente, es el desafío que tenemos delante: pasar del dicho, innegable, al hecho.

Parafraseando a Tatiana Urien, en su trabajo «Transformándonos desde el Auto-Respeto: Hacia la Vida Plena de la Persona con Discapacidad Intelectual o del Desarrollo»: 

«El  tránsito  del  deber  ser  al  ser  es  un  proceso  paulatino,  puesto  que  el  reconocimiento  de  la  igual  dignidad, además de ser un valor moral inalienable, es un complejo proceso psicológico y social.»

Así  pues,  llegados  a  este  punto  del  viaje  en  el  que  sabemos  que  ya,  como  organización,  no estamos  en  la  infancia  sino  que  vivimos  la  edad  adulta,  el  contexto  también  nos  llama  a comportarnos  recogiendo  toda  esa  experiencia  vital  que  llevamos  y  poniéndola,  como  decía antes, al servicio de la persona y del lugar en el que la norma jurídica coloca a esta persona; porque es ahora la persona quien ostenta el derecho a ser ciudadana de pleno derecho. 

Pero  como  organización,  el  desafío  no  termina  ahí.  Vivimos  también  momentos  de  cambio global,  sistémico  que  trascienden  las  fronteras  de  lo  que  consideramos  “nuestro  sector”. Cambios  que  afectan  a  la  realidad  organizacional,  a  las  comunidades  y  a  las  personas  que habitamos en ellas.

 

UN DESTINO

Así, el destino viene determinado por entornos complejos, imprevisibles, líquidos, en los que la  persona,  para  quien  construimos,  es ciudadana  de  pleno  derecho  y sujeto  de dignidad para vivir en comunidad.

Pero  ¿qué  y  cómo  podemos  hacer  las  organizaciones  para  incluir  a  las  personas  ciudadanas en la comunidad?

Si  nos  constituimos  como  estructura  para  dar  voz  y  fuerza  a  las  personas,  retomemos  ese papel:  seamos  puentes  hacia  la  comunidad,  hacia  la  sociedad;  seamos  un  apoyo  para  que  lapersona  llegue  a  la  comunidad,  posibilitando  que  sean  las  personas  que  quieran  ser, generando  un  contexto  en  la  comunidad  para  que  las  personas  puedan  ser  las  personas  que son.

Habitemos la palabra (hagamos lo que decimos).

Para habitar la palabra debemos tener claro qué hay detrás de esa palabra, de los conceptos, qué  vida  les  vamos  a  dar  a  las  palabras  para  no  darles  vidas  incongruentes  (a  través  de nuestras   acciones).   Detrás   del   concepto   hay   un   modelo;   trabajemos   los   significados compartidos mediante el dialogo, la escucha, la observación; participados.

Y,   una   vez   que,   en   el   ámbito   privado   de   la   organización,   esas   palabras   estén   bien desestructuradas (como hacen los cocineros), habitémoslas, hagámoslas públicas; porque es el espacio   público   el   que   debemos   conquistar,   es   «el   ámbito   público   es   el   que   está   menos explorado» (Etxeberria, 2008). 

Habitemos también los espacios.

La  persona  habita  distintos  espacios: familiar,  organizacional.  En  los  espacios  en  los  que habitan las personas es donde tenemos que trabajar, también, para que ellas tengan vidas más ricas.

¿Sabéis  quién  es  la  persona  más  importante  en  un  barco?  El  arquitecto.  Porque  el  diseño inicial influye en todo lo demás. Y el diseño de la organización también influye a las personas que viven en ella.

No  hagamos  de  las  organizaciones  el  único  espacio  en  el  que  habiten  las  personas.  No determinemos  la  forma  de  vivir  que  tienen  las  personas  por  el  diseño  que  dimos  a  nuestras estructuras. Seamos conscientes del poder que tiene la estructura y no nos dejemos capturar por él. Permitamos que la persona la habite siguiendo sus deseos y sus intereses.

La  organización,  vuelvo  a  recuperar  la  idea  inicial,  debe  constituirse  como  verbo,  no  como sustantivo.  Como  «organizarse»  más  que  como  «organización».  El  sustantivo  organización nos coloca en una posición rígida, en la que la estructura absorbe el movimiento que en ella se genera. Y el movimiento que se da está condicionado por la estructura en la que se genera.

Si construimos nuestro imaginario organizacional desde el verbo, damos dinamismo, acción, flexibilidad y capacidad de maniobra a nuestra realidad. 

Las  organizaciones  nacen  porque,  en  un  momento  de  la  historia,  las  personas  se  han organizado para lograr cosas que, de otro modo, no podrían lograr; para llegar a lugares a los que,  de  otro  modo,  no  podrían  llegar.  Pero  las  organizaciones  no  pueden  convertirse  en estructura sustantiva, rígida, procedimentada, olvidada de la razón última por y para la que nacieron.

En este sentido, traigo las palabras de Ester Ortega cuando dice que: 

«Podemos pasar de las “soluciones caja” a trabajar por un diseño de comunidad que incluya a las personas de los  “márgenes”.»  Aquí  tenemos  preguntas  interesantes,  retos  bonitos  y  miles  de  personas creativas para buscar y probar nuevas fórmulas. 

Existen iniciativas que trabajan con la persona y prototipan desde la pregunta «¿cómo te saco de la organización y te llevo a la comunidad?».

En  este  viaje,  la  tecnología  es  una  aliada,  pero  cuidado  porque  también  nos  puede deshumanizar   si   no   tenemos   en   cuenta   lo   que   nos   hace   propiamente   humanos.   Es, precisamente, lo que nos hace humanos lo que nos permitirá seguir creciendo y avanzando.

Hay  quien  dice  que  todo  acto  organizacional  procedimentable  lo  hará  una  máquina  en  un futuro no muy lejano. Quedará para los humanos, lo complejo, lo creativo, lo incierto, lo no programable,  lo  propiamente  humano.  Esta  humanidad  la  rescataremos  y  la  pondremos  al servicio de otros seres humanos que tienen derecho a tener una vida pública, al margen de los espacios que ocupen (u organización u organizaciones en las que esté).

Volvamos a la estación de la que partimos: muchas de las cosas que hemos hecho nos servirán para  avanzar;  éstas,  las  mantendremos.  Otras,  no  nos  serán  útiles;  éstas,  las  desecharemos.

Otras  requerirán  de  aclaración  por  nuestra  parte,  el  escenario  es  incierto  y  hay  muchos detalles  que  aclarar;  éstos,  los  aclararemos.  Y,  finalmente,  exploraremos  pequeñas  nuevas experiencias que nos acerquen al lugar al que queremos llegar. Haremos este viaje.

Un viaje de ida y vuelta, en el que unas personas dieron sentido a las organizaciones y ahora son las organizaciones quienes deben devolverle el sentido a la persona.

Maider Gorostidi García

Ponencia para la Mesa Redonda: 

“Hablamos de inclusión, hablamos de retos

Jornadas AMIFP: «La ciudadanía: el reto de la autonomía e igualdad» 

Madrid, 7 y 8 de junio de 2016

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